miércoles, 12 de enero de 2011

Puta poesía.


Y es que no entendía la muy estúpida, que él ya no volvería a encontrarla en la plaza. Según ella se había perdido en el camino, pero en cualquier momento retomaria el rumbo. Es que esta poesia... era muy obstinada la porfiada, una y otra vez traté de hacerle entender que no lo hiciera, pero la muy puta se subía las polleras y se deshacía de las bragas en medio de la calle, la poesía se compro un diccionario (sabía que ese sería el fin) y empezó a vestirse de las palabras más vulgares, y andaba con el coño metido en la boca:

-Sucia! impura! ¿Donde fue que dejaste aquellos versos en que la belleza era el componente principal? así como el tomate al pebre, así como el choclo a la humita...

La poesía se encontró un lapiz labial en mi cartera, se pintó los labios rojos y salió a recorrer las calles

-Bataclana!

Mostrando la zorra en su vestidito que apenas le tapaba el trasero, la inmunda buscaba en labios ajenos los sueños rotos, invocando el amor en un varón que la follaba fugazmente, la poesía finalmente se prostituyó y la bohemia tomó parte de sí transformando su versos en simples balbuceos imbeciles ahogados en un vaso de ron.
La poesía tomó sus pechos pequeños y les puso un push-up, no contenta con sus labios pintarrajeados y sus verguenzas al viento, quiso buscar mayor atención aumentando su busto, la modernidad atacó su cuerpo, y quiso un sostén con relleno pensando que quizás así los hombres tendrían mayor consideración con ella, pero solo se transformó en un objeto más, y empezó a ser golpeada por su proxeneta (yo) quien cada vez quiso más de ella, la maltrataba para extraer más y más de ella, quería su esencia, quería más versos absurdos; pero ya la poesía no podía sostener su cuerpo, viruliento apenas podía mantenerse en pie. La poesía meretriz murió un día de Agosto en las calles de Santiago, bajo una hojas desplegadas de "El Mercurio".

R.I.P.